El final del show de «Perro Sanxe» (parte 3).

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Después del bochorno de la sección sobre Ceuta, la entrevista, por llamarla de alguna manera, de Broncano a Sánchez, fue cuesta abajo abandonando ya por completo toda posible racionalidad, marcando un contraste abyecto con la frivolidad con la que se despachó la parte anterior. «¿Tienes partido de izquierdas favorito?» Fue la sesuda pregunta que vino después.

He logrado entenderme con casi todos, al margen de con los que es difícil e imposible, fue su respuesta. Fíjense de qué manera más burda ante la pregunta de cuál es su partido favorito el tema se desvía hacia que el PP sí que va a pactar con VOX: el miedo al otro.

A los repúblicos no nos extraña, sabemos que en el fondo está siendo honesto más que hábil: VOX es verdaderamente su otro partido favorito al margen del suyo propio que es solo favorito en tanto que él tiene poder dentro del mismo.

«¿Pactar con Ciudadanos en el pasado o pactar con VOX?», le preguntan. Obviamente no va a elegir. Sabe que no está hablando a nadie que espere ningún argumento. Aquí lo que importa es solo el principio de identificación.

Y para la izquierda Ciudadanos es tan de derecha como VOX o el PP y a la derecha no la puede convencer con esa pregunta, ese es trabajo de Feijóo. En efecto, son lo mismo, pero también son lo mismo que Izquierda Unida, Podemos o Frente Obrero: oligarcas.

Si le fuerzan a responder, elige a Yolanda Díaz, que ni siquiera es un partido, ni está en la contienda de las urnas. Esto no puede romper la identificación de nadie que no viva en una cueva y sepa que es su vicepresidenta.

Broncano le regala una oportunidad de campaña: Yolanda Díaz está fuera ahora, le recuerda. Sánchez saca pecho y dice que no lo entiende, porque es la pera limonera como política.

Una manera educada y exigida por el guion de lanzar una carga frontal al resto de partidos de izquierdas y recordar el Frente Popular de Judea sin recordarlo explícitamente. ¡Quién quiere buenos oradores si puede tener buenas entrevistas diseñadas en laboratorio! No pasa nada, el presentador ya se mete con los del Frente Judaico Popular por Sánchez.

«Más sabe el perro por perro que por Sanxe», dice, reforzando su impostura. ¡Yo he venido aquí a hablar de mi libro! (Recuerden, el libro era ser campechano, que para eso estamos en el régimen juancarlista) y caer bien, como si aquí se votara a personas.

Él sabía, dice, que Rufián no iba a encabezar una gran coalición de izquierdas, ya que se lo preguntan explícitamente. (Las entrevistas masaje son donde te ponen fácil lucirte, ¿cómo se llaman las entrevistas donde te lucen ellos sin ponerte en compromiso a ti? ¿Campaña propagandística?) «Con ERC nos hemos entendido y sacado muchas cosas adelante», matiza —recordemos que el pro-sentador es quien le hace campaña agresiva, hoy él viene de majo.

Es independentista y no veía que él fuera el hombre. «Más sabe el perro por perro», pero no ha dicho más que una evidencia. Es el pro-sentador de nuevo quien hace campaña: «yo creo que es más independentista que de izquierdas», dice. Sánchez, orgulloso de que él haga la carnicería, solo tiene que limitarse a defender al popular Rufián: nah, yo creo que se preocupa más por la izquierda. Y así siguen un rato.

Esa es la dinámica real de toda la supuesta entrevista. Pedro Sánchez defiende tibiamente a todos frente a la campaña agresiva por el PSOE del entrevistador y ataca a la derecha como culpables, a los tecnooligarcas (a él le gusta más lo de oligarca a secas) porque eso solo da votos y no resta.

Sobre ese tema de las RR. SS. y la IA se limita a repetir el discurso de la Unión Europea, que, digan lo que digan, apoyan todos los partidos españoles en el europarlamento.

Si algo hay que reconocer al PSOE es que si cambiara lo de «socialista» por «socialdemócrata», lo de «obrero» por «oligárquico» y lo de «español» por «extranjero», podría mantener sus siglas, su logo y su rosa de la socialdemocracia alemana y ser el partido político más característico y frontal (y más con Sánchez) de lo que es el régimen del 78. Solo le falta abrazar a Gerhard Leibholz y dejar de decir mentiras sobre el régimen político mismo.

Broncano le dice que echa de menos que el Gobierno progresista hable y tome medidas sobre el cambio climático. Sánchez dice que están haciendo bastante y saca pecho. Venga, Pedro, arráncate una promesa electoral. Nada. Nada. No necesitan ya de promesas de ningún tipo para que los siervos voluntarios ejerzan su derecho a validar su servidumbre. Recuérdese también a Feijóo hablando de apretarse el cinturón, el propio Sánchez lo recordará después.

«De todas formas hay gente que puede pensar: Sánchez lleva ya gobernando ocho años […] y ahora se presenta otra vez y oye pues en democracia la alternancia es interesante, eso es bueno, es sano, el problema es que cuando metes en la ecuación a VOX todo cambia. Ya no estamos hablando de alternancia, estamos hablando de involución».

¡Pedro, te acabas de cargar todas las campañas electorales del PSOE desde el 78! Fuera bromas, está claro que ahora el enemigo del voto útil es VOX.

Pasa a hablarnos de la censura de obras artísticas que la Derecha™ y la Ultraderecha™ consideren ideologizadas. Es gracioso. No habla de ninguna ley, habla de que ellos hacen eso porque pueden.

Claro, como vosotros también lo hacéis, de forma socialdemócrata, con más tino, menos como un discurso sacado del pleistoceno. No se critica que los políticos puedan meter mano en la cultura, no señor. Ese no es el objeto de la crítica.

La crítica en una oligarquía que es una autocracia rotativa no es al poder que tú también deseas.

La crítica siempre se resume en una cosa, que sería también el resumen de la entrevista: «quítate tú para ponerme yo». El problema, Pedro, es que tú ya estás, y aunque el PP también está, siempre seguirá estando mientras sobreviva el régimen del 78, así que como argumento es un poco pocho, y más cuando en España no existe la doctrina de la reacción anticipada en ninguno de los pseudoparlamentarios, sea cual sea su escala territorial.

Es el monstruo de las dos espaldas: ninguna de las dos mitades vive sin la otra.

Hay que reconocerle de nuevo que se come el escenario. Está radiante, magnífico, mientras los españoles sufrimos la miseria a la que nos condena la clase política. Ante tal control de la escena por fin se entiende la inexplicable e incómoda cutrez chabacana y falta de savoir faire de quienes dirigen cada día el programa.

Es el plató diseñado para que alguien que no tiene mucho que aportar con sus palabras se luzca, es aquello de que, en el país de los ciegos, el tuerto es el rey; es aquello de rodearse de tontos para parecer listo.

Luego afirma que el PSOE va a ganar con mayoría. Por supuesto, en un Estado de partidos que nació de la boda entre el franquismo y el PSOE, el PSOE siempre gana porque siempre tiene jueces a su servicio, siempre tiene prensa a su servicio, siempre tiene representación pseudoparlamentaria, siempre tiene dinero público, etc.

¿Qué otra cosa es sino ganar con mayoría? ¿Conseguir un pacto de investidura negociando de espaldas a la nación con patrimonio de la nación que permita gobernar a la cabeza, entre otros, a un líder del PSOE?

Si alguien confía en la palabra de Sánchez como si decir que ganará fuera una predicción, no entiende que él no puede sino decir eso si quiere el voto. Lo que sí que está claro y todo repúblico sabe es que, sea como sea, el único que va a perder es el pueblo español.

Y luego añade: «lo pido encarecidamente», ¿qué pide? ¿No era algo rotundo? Ni él mismo se cree lo que quiere prometer. Sabe que nadie lo cree, pero se ríe.

Él sigue jovial y, de risas, el PSOE no tiene nada que temer, pero sí mucho que ganar con su apariencia tranquila, de uno más, de conseguir parecer humano en las cabezas de los españoles que saben en su fuero interno que no lo es.

El pro-sentador dice que la oposición ha sido invitada y no ha querido venir al programa. Un político relevante solo va a donde le conviene ir o a donde las instituciones le obligan.

A ningún otro sitio. Y si Pedro Sánchez no lo sabía, ya lo aprendió en Paiporta.

«¿Algún día se solucionará el tema de la vivienda? ¿Os habéis esperado muy al final, en octubre de 2026, eh, Pedro?», dice Broncano. «No, no, no», replica Sánchez. Saca pecho tozudo de lo que no hay pecho que sacar y tiene a media izquierda acampada en las calles.

Después resurge la apelación a las comunidades autónomas. Toda la entrevista es igual, de hecho todas las entrevistas del régimen del 78 son iguales: los políticos culpan veladamente al régimen de los problemas estructurales, solo que en lugar de hacerlo abiertamente, lo hacen culpando a la oposición.

Por eso nuestras ideas solo tienen que llegar a los ojos y a la conciencia de los españoles, porque nadie, ni siquiera ellos, tiene forma ya de negarlas. El régimen del 78 funciona para la maquinaria oligárquica que funciona, no funciona ni puede funcionar para la sociedad civil, no importa de qué cuerda ideológica sea ni a qué partido vote para legitimar esta farsa. Lo demás es todo pura fachada y propaganda.

Broncano insiste en que sí que han llegado tarde. Los hooligans del PSOE y de otros partidos públicamente afines verán en él interesadamente un entrevistador duro (nadie más sería capaz de ver algo que solo puede existir en una imaginación enferma de las pasiones de servidumbre); la realidad es distinta, solo le lanza un capote, porque sabe que ninguno de sus votantes que no haya sustituido su cerebro por una patata puede sentirse animado a votar a alguien que dice eso y niega su realidad social salvo por el miedo al otro.

Anima a Sánchez a decir algo bonito, o al menos a darle tibiamente la razón. Le está maquillando la intervención. La realidad es mucho más simple: los problemas de corrupción moral, política y, en este caso financiera, estructurales al régimen solo se solucionan con otro régimen que no esté diseñado por y para esa corrupción.

Pedro sigue tozudo. Puede compartirlo, pero sigue tozudo. Son los otros, son los otros. Más tozudos son los espectadores que siguen viendo el programa esperando algo relevante.

¿Qué otra cosa va a decir? ¿Qué quieren que diga? ¿Viva la República Constitucional? No sean ingenuos.

Pero Pedro Sánchez sí pide a los votantes que sean ingenuos y dice a la audiencia que necesita una mayoría absoluta para poder solucionar los problemas de los españoles.

Nada desearía más yo que una mayoría absoluta de cualquier partido a ver si algún potencial repúblico despierta de su letargo. El voto no tiene asociado un mandato. Confía, ten fe ciega en tu político de turno. Esto tiene que volver a bipartidismos de mayorías absolutas, todo ahora no funciona porque hay partidos minoritarios. Todos sabemos lo bien que iba con Suárez, con Aznar, con Zapatero y con Rajoy, ¿verdad? Y todos sabemos lo bien que va ahora también. Todos sabemos que la solución no es nada de todo esto.

El voto sí debe ir vinculado a un mandato del elector en contraposición con el artículo 67.2 de la CE que se defiende a pecho descubierto incluso por Pablo Iglesias (como no podría ser de otra manera).

Solo con garantías institucionales de que las necesidades del pueblo llegan al parlamento puede ocurrir que los actores políticos no usen su poder para lo que ellos quieran. El resto, nuevamente, propaganda de la gran mentira que impera impuesta desde arriba en la sociedad española que se engaña cada mañana a sí misma para poder seguir adelante con la farsa.

«¿Qué relación personal tienes con los jueces y la justicia?», pregunta el pro-sentador al presentador. Ningún entrevistador serio preguntaría esto a alguien que fardó públicamente de controlar la fiscalía; alguien que lleva ocho años diciendo que el PP tiene ya demasiados jueces y que los está bloqueando; alguien, en fin, que también quiere su parte del pastel (como si no la tuviera ya).

Como esa pregunta es un chiste, Sánchez solo puede dar lástima y decir, como ciudadano humilde que lleva fingiendo ser todo el programa (¿qué ciudadano humilde te monta este show?, sean honestos), que defenderá la inocencia de su familia y que él es una pobre víctima de la falta de independencia judicial.

¿Ven cómo ellos mismos les revelan una y otra vez todo lo que está mal en este régimen político?, solo tienen ustedes que dejar de aplaudir para escuchar lo que dicen.

Broncano insiste: un ejecutivo no debería poder criticar al poder judicial (¿poder judicial, qué poder judicial?). Controlarlo sí, claro, pero de tapadillo, al menos. Señores, que Sánchez está en calidad de ciudadano humilde, él ante una injusticia que le salpica tiene que poder denunciar la injusticia.

Su hermano tiene muchos estudios, muchas carreras, mucho trabajo, dice, haciendo gala de un elitismo barato. Y dice que a una persona tan profesional se la condena por ser hermano del presidente (pásense cuando puedan a ver la declaración completa ante el tribunal, la del hermano, que es desternillante, si acaso no han tenido ocasión).

Nuevamente es Broncano quien tiene que salir en su rescate, diciendo que supone que dice eso porque quiere referirse a que una persona así tan preparada no necesita enchufe. Sánchez no ha dicho eso, pero le recoge el guante, pues para eso está.

Broncano no ha hecho su trabajo, por el cual pagamos los españoles: dice que no sabe muy bien de qué se acusa a Begoña, alias Vergonya para ir en consonancia con el mote de su marido, la mujer del presidente.

Y le pide, ojo, a Sánchez que explique de qué se le acusa para los españoles. No su parecer, no su visión, no, que explique lo que pasa. Sánchez, el mayor valedor de un partido de proxenetas, apela al feminismo para ser aplaudido diciendo que su mujer no es más que una víctima del machismo.

La justicia es usada torticeramente por el PP para hacer campaña, eso es evidente, pues así funciona el régimen. Y, todo esto, como siempre pasa, tanto con unos como con otros, se queda solo en el circo mediático. Nadie pisa la cárcel. Pero la entrevista nació tan muerta para los españoles como el régimen del 78.

«La ley mordaza, ¿qué pasa con eso?» Broncano se queja de que la gente critica eso mucho y con razón. Sánchez dice que el parlamento tiene que votar bien. Sánchez lo explica con la franqueza que le caracteriza: no han llegado a un acuerdo previo de espaldas al pueblo, que es como funciona el Estado de partidos y por eso no se vota.

Esto con el voto ligado al mandato que comentábamos no pasaría, pero claro, Pedro Sánchez no le va a hacer a usted los deberes, los deberes sobre democracia se los tiene que hacer usted. Obviamente Broncano no pregunta por qué el PSOE ha usado activamente la ley mordaza como herramienta política durante el confinamiento en lugar de utilizar los cauces pertinentes del Estado de excepción.

Sánchez es el ejecutivo que más ha utilizado hasta ahora esa ley. No puede arañar tan cerca de la herida, o sería inmediatamente expulsado de televisión. Tampoco lo pretende. Le pregunta solamente si con mayoría absoluta él lo derogará. Sánchez no responde la pregunta, pero aprovecha para hacer ese ataque velado a la Izquierda™ que nadie poco avispado ve como un ataque: «Yo tampoco tengo ansia patrimonialista, no tengo problemas en compartirlo con otros grupos de izquierdas».

Culpando claramente a los otros, como todo el tiempo, pero aquí no tenía el comodín de la Derecha™ y la Ultraderecha™, porque fueron quienes nos trajeron la ley con Rajoy para la honra de todos los posteriores presidentes del Gobierno.

Risas y más risas. Es contagioso, casi tanto como la corrupción.

«¿Te vamos a descubrir unos pendientes de oro buenos? ¿Qué opinas del tema?» Antes se había escaqueado. Sánchez pone ejemplos de regalos que recibe para blanquear el caso de Zapatero, no sin aclarar que él los pone a disposición del pueblo. Broncano le insiste en que Zapatero no ha hecho eso.

Pedro dice que es complicado saber discernir esos regalos. Se pasa a hablar de Trump. Broncano le prepara el aplauso, recordando sin que venga lo más mínimo a cuento, y sin que nadie le dé pie, el épico momento en que Sánchez no se dejó hacer el truquito trumpista de estirar de la mano al saludar a otro mandatario. Broncano ha nacido para esto.

Es una lástima que su programa se vaya a reemplazar por otro ahora que ya ha surgido la posibilidad de tener dos Hormigueros de derechas para mayor gloria del Estado de partidos.

Ahora Pedro Sánchez se luce con su pulso económico contra Trump que solo sirve, tristemente, para engañar a la gente de izquierdas y aquellos de derechas que siguen creyendo en que la defensa de la nación es algo más que decir «¡Viva España!» y hablar mal de los extranjeros que no te sobornan y que aún quieren tener fe en el régimen.

Obviamente nada importa que los esté apoyando en Ucrania como el que más. De hecho hasta saca el tema de Ucrania de motu proprio. Broncano dice que le sigue flipando que haya líderes que implican a países en guerras por puro oportunismo político.

Lo comenta como si no fuera con el señor que tiene sentado al lado. Pedro Sánchez lo comparte, culpando, claro, a Putin y a Israel, como si no fueran antagonistas y él no hubiera elegido bando fuera de su retórica. Pero hay que decir que tener a Trump y Netanyahu enfrente hace que su relato sea bastante convincente para el oído inexperto.

Luego nos han hecho sentir bochorno preguntando sobre las relaciones sexuales de Sánchez y tratando de forzar a que el presidente del Gobierno explicara información íntima de su pareja delante de toda España.

El tinte casposo del programa nunca está a la altura del feminismo que dice abanderar, pero Pedro no estuvo lo suficientemente agudo ahí, bien porque comparte similar tinte casposo como para que tal cosa se le pase siquiera por la cabeza o, lo más probable, su objetivo de ser juancarlista lo máximo posible le sobrepasó.

Y entre risas y campechanía siguió la cosa con el resto de esperpentos propios del programa.

Para paliar dicho olor a rancio, salió Candela a recriminar la ausencia de feminismo en la tertulia, que, como hemos apuntado antes, no es sino una forma de acabar de redondearle el discurso al señor autoproclamado Perro Sanxe. Sánchez solo supo reírse al respecto sin posicionarse.

Acompañado de todo tipo de piropos posteriores por parte de Candela y otros intentos de generar empatía con el personaje, no vaya a ser que nadie se pueda tomar su reproche en serio.

«Llevamos cuatro años de precampaña», añadió Sánchez a todo ello, cosa que ya sabemos todos, pues es a lo único que se dedican.

Siempre me sorprende que muchos españoles se hayan obsesionado con que Pedro Sánchez es un mentiroso, es de lo más sincero que se puede encontrar en la gran mentira que habitamos, igual es sintomático de que se miran demasiado las jugadas, y demasiado poco las reglas del juego.

«He estado muy a gusto, ha sido incisivo», culminó. Ya lo hemos visto todos, ya. No estuvo lo suficientemente avispado para responder «si me votas a mí no habrá problema» humorísticamente a la pregunta de si Broncano, que votará por correo (a diferencia de mí, que no votaré en absoluto), tendrá su voto a salvo. El pobre hombre ya estaba cansado y probablemente aún no había comido. Que en parte lo entiendo.

Han sido las casi dos horas de programa más largas de mi vida al verlo para redactar esto. Por algún motivo, en definitiva, en los últimos minutos Pedro ya no estaba tan radiante. Se fue con menos pasión fingida que con la que vino.

Quizá Candela, opiniones políticas aparte (ya que como dice la política extiende los tentáculos a todas partes), tenía demasiado protagonismo y no pudo seguir manteniendo cómodo Pedro la impostura. Curioso que sea insulso y torpe Broncano y no ella quien lleve el programa.

Sea como sea, ya lo saben: si necesita más votos, que los pida.

Por Alejandro Caballero.

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