Después de situar las esperpénticas y serviles dinámicas de la entrevista a Sánchez en el programa de La Revuelta en el artículo anterior, que como señalamos se centraban en buscar una imagen cercana y humilde de la figura del presidente del Gobierno y abandonar por completo la racionalidad para ganar con la emoción, llegó el momento más lamentable de toda la intervención.
Esto tuvo lugar cuando Broncano expone que parece claro, desde fuera, que no se ha gestionado bien la crisis de Ceuta (traducción: justifíquese, por favor, que eso queda feo). Se podría haber gestionado mejor, acepta, pero han invertido muchos millones en la frontera y han tratado de tener buenas relaciones con Marruecos. Broncano le regala el argumento de que es probablemente la frontera más complicada del mundo.
El argumento que da Sánchez de que el problema se debe a la falta de cooperación de Marruecos para frenar en su parte esa entrada tan masiva es ridículo. Primero porque lejos de frenar se alentó dirigidamente.
Después porque su negligencia se cobró muchas vidas en su parte y solo un gobierno de verdadera extrema derecha podría eludir esto. Pero saca pecho de que estaríamos hablando de una cifra mucho mayor si hubieran hecho algo más agresivo: ¿quién pone esa falacia de falsa dicotomía sobre la mesa para justificar unas muertes de las que es corresponsable?
Digo yo, el principal problema de la gestión, señores, fue no tener medios cuando se sabía lo que venía; dejar morir a cientos de personas (una vergüenza internacional que, por omisión, superó a algunos regímenes sanguinarios por acción); y la total falta de cuerpos y fuerzas de seguridad para mantener bajo control la previsible violencia de los momentos sucesivos, protegiendo a ambas partes del conflicto. Nada de esto genera debate: es lo mínimo y es una obligación del cargo. Lo demás está fuera de lugar aquí.
Él mismo se cavaría la tumba si realmente estuviera frente a un entrevistador: señala que la mayoría han vuelto ya en pocos días, demostrando que el problema de la crisis que indudablemente hubo y hay se debió y se debe claramente a la falta de seguridad suficiente, no tanto al problema concreto de la gestión de un modo u otro de la cantidad de personas que entró.
Él presenta como la Derecha™ una dicotomía entre racismo y acogida, cuando el inexcusable peso de la gestión de un mal rescate, protección y defensa eclipsa por mucho a cualquier tipo de deportación total pacífica y gradual. Nadie puede creer esta tesis.
«Es una situación difícil, compleja. La estamos gestionando bien», dice. Ni una sola réplica por parte del entrevistador. Todo lo contrario: le da argumentario sobre la derecha y añade que es legítimo criticar un modelo migratorio también desde la izquierda sin ser por ello xenófobo y eso no lo encuentra en la Izquierda™, cosa que lejos de ser crítico supone comprar absolutamente el marco de que el debate de la gestión tiene algo que ver con un supuesto modelo migratorio. Vergonzoso.
Sánchez dice: «Claro». Cómo no. Broncano insiste. No solo consolidando el cambio de tema, sino además dejándole «a huevo» al oligarca la posibilidad de hacer una promesa de campaña. Pedro Sánchez, no siempre tan hábil como se le presupone, ignora esta ventana de oportunidad y se limita a defender tercamente su gestión y achacar el problema a las competencias regionales y municipales: él hace todo lo que está en su mano pero el problema es que el Estado de autonomías falla.
Es gracioso cómo todos critican el fallo del Estado de autonomías en cosas importantes en las que debería ningún Estado fallar: rescate en catástrofes como la DANA de Valencia, materia de vivienda, sanidad, o en este caso inmigración y, sin embargo, nadie está planteando la abolición del mismo ni siquiera para esas materias, ni apenas una reforma sustantiva. Al parecer a nadie en la clase política le importa un ápice la vida de los españoles (ni en este caso de los marroquíes).
Critica, eso sí, las mafias de tráfico de seres humanos, porque siempre queda bonito, pero todos sabemos qué intereses geopolíticos se encuentran detrás de ellas y cómo nuestra clase política los respalda. «Hay que impulsar las vías de inmigración regular». Tibiamente Sánchez se da cuenta por fin de la ventana de oportunidad de hacer campaña: sea como sea queda consumado en la entrevista, aunque jamás en la realidad, que el tema de Ceuta está bien gestionado y todo el foco se desplaza al modelo migratorio.
Apela además a la asimilación de la masa de inmigrantes en la cultura regional. Con ello compra el marco de la extrema derecha. Esto debiera ser cuanto menos revelador para sus votantes: Pedro Sánchez escupe contra todo el discurso de inclusión izquierdista, un como-si de la Izquierda™. Y es que cualquier oligarca pretende acabar con todos los reservorios de poder sea asimilando a unos, a otros, o a ambos a la vez. La única solución real queda disuelta al ficcionar que integrar es lo mismo que asimilar. Solución de la que además son ejemplo las maltratadas Ceuta y Melilla.
El presentador de pega dice: «A eso voy, sí, sí, claro». «Sí», repite ante la afirmación de que tenemos las mejores tasas de criminalidad. Los partidos de derechas le dejan muy sencillo seguir hablando de este tema gracias a los numerosos bulos que se han extendido por la prensa regada de dinero público y controlada por el Estado, no nos detendremos en algo que solo un idiota que no estaría leyendo este artículo consideraría relevante confrontar.
Y prepárense porque aquí viene la traca final para los ceutíes, la vergüenza del régimen del 78, siempre servil por naturaleza a los intereses de las potencias extranjeras. Pedro Sánchez, amparándose en estos bulos, justifica de manera clara la acción de gobierno del régimen marroquí: en palabras textuales suyas «Un día muy significativo para Marruecos como era la fiesta del trono donde prácticamente todas las fuerzas de seguridad estaban reforzando la seguridad del rey de Marruecos pues [ese cúmulo de bulos] fue utilizado para la avalancha que tuvimos».
Supongo que las reclamaciones públicas sobre la integridad territorial española, los camiones militares facilitando la avalancha y las reconocidas fragatas marroquíes invadiendo aguas españolas no tuvieron nada que ver al respecto. De golpe un país imperialista armado hasta los dientes, con EE. UU. e Israel detrás, y responsable en el Sáhara Occidental de un genocidio, no tiene apenas fuerzas más que para defender a su pobre rey en una ceremonia a la que solo acuden sus feligreses.
Absolutamente ninguna réplica por parte del pro-sentador, por supuesto. Sigue desligando la xenofobia del supuesto problema migratorio y trata de empatizar con los ceutíes después de que el presidente les acabe de escupir en la cara. Sánchez dice que en ello están, claro. Y es acompañado por el pro-sentador en su forma de desviar la atención hacia la Derecha™ que le regala la salida una vez más: ¡cómo no lo va a hacer si son dos caras de la misma oligarquía y dos caras del consenso institucional!
Tampoco pierde oportunidad después de tamaños insultos a la inteligencia de obsequiarnos con el insulto más grande posible: España es una de las grandes democracias (permítanme que les recuerde que la España actual carece por completo de la más mínima democracia, literalmente cero) y como tal lidera en DD. HH. (¡menos mal!).
El pro-sentador zanja la sección con un cínico «un abrazo a Ceuta». Pero a Sánchez el ejercicio de cinismo le debe de parecer insuficiente porque añade, para echar más leña al fuego, que él es el presidente en ejercicio que más veces ha acudido a Ceuta y Melilla, después de su sonada ausencia estos meses. No sabemos si en un ejercicio calculado de polarización de la que aspira a sacar rédito o en un alarde de egocentrismo trasnochado que se le escapa en el peor momento.
Ante ello Broncano solo dice: «Vale, cambiemos de sección». ¿Tienes partido de izquierdas favorito? Sabemos que esto es un programa humorístico, pero quienes nunca hasta ahora hemos visto esta bazofia más de 30 segundos seguidos constatamos que el humor consiste en reírse de los españoles que tienen dignidad y cerebro.
Por Alejandro Caballero.



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