No votar en el Régimen del 78 es todavía tema tabú. Es el gran incomprendido.
Todavía no se entiende en España la potencia de esta acción política, y la revolución psicológica (interna), y social (externa) que supone.
No acudir cuando una supuesta «Autoridad» te llama, es restarle poder a esa llamada. Es restarle «Autoridad» a ese poder superior. En el Antiguo Testamento (Esther 1:10-18) es muy famoso el pasaje de la reina Vasti que desobedeció a la llamada del poderoso monarca persa Asuero.
Así dice el texto bíblico:
10 El séptimo día, estando el corazón del rey alegre del vino, mandó a Mehumán, Bizta, Harbona, Bigta, Abagta, Zetar y Carcas, siete eunucos que servían delante del rey Asuero, 11 que trajesen a la reina Vasti a la presencia del rey con la corona regia, para mostrar a los pueblos y a los príncipes su belleza; porque era hermosa. 12 Mas la reina Vasti no quiso comparecer a la orden del rey enviada por medio de los eunucos; y el rey se enojó mucho, y se encendió en ira. (…)
16 Y dijo Memucán delante del rey y de los príncipes: No solamente contra el rey ha pecado la reina Vasti, sino contra todos los príncipes, y contra todos los pueblos que hay en todas las provincias del rey Asuero. 17 Porque este hecho de la reina llegará a oídos de todas las mujeres, y ellas tendrán en poca estima a sus maridos, diciendo: El rey Asuero mandó traer delante de sí a la reina Vasti, y ella no vino. 18 Y entonces dirán esto las señoras de Persia y de Media que oigan el hecho de la reina, a todos los príncipes del rey; y habrá mucho menosprecio y enojo.
El acto de no acudir a la llamada del tirano se consideró un acto revolucionario, le restó poder y autoridad a su dominio e imperio. ¡Muchos consideran esa desobediencia como la primera protesta feminista de la historia!
¿Se comprende el poder que tiene el no obedecer a las reglas e imposiciones? Puedes replicarme, mi apreciado lector, que votar por ahora es voluntario y opcional, que vas o no vas si quieres… Pero entiende que yo me refiero a la idea-fuerzo imperante hoy en la sociedad española, la cual todavía está instalada en el «Hay que ir a votar»; «Nos costó mucho esfuerzo este derecho»; ello azuzado lógicamente por el tirano totalitario Asuero de hoy, que se denomina Régimen del 78, y que se reparten el poder entre varios reyezuelos.
El régimen liberticida necesidad de sus ritos y mitos para mantenerse. El mito fundacional es la Transición del 78, cual epopeya de Gilgamesh, y el ritual del holocausto masivo y en filas es el voto cada equis años, para el cual hasta se engalanan las calles con las efigies —no muy agradecidas hay que decir— de los caudillos y caudillas.
Votar no equivale a decidir. Y elegir entre listas confeccionadas por los aparatos de los partidos, sumos sacerdotes azules, rojos, verdes o rosas, no convierte meter la papeleta en la urna en un acto democrático, sino en un acto de sumisión «a lo que hay».
Y no es que España padezca una democracia imperfecta o mejorable. Es que no la hay: padece una partidocracia, o la dictadura de los partidos, con un poder tecnológico de comunicación monstruoso, y con la capacidad de mermar la mente del pueblo subyugado.
El poder político en España no nace de la sociedad civil ni de la Nación, entendida ésta como el conjunto de ciudadanos libres, unidos por una misma identidad colectiva. Lo que hay en España son partidos incivilizados (no civiles) que son partidos estatales (financiados, protegidos y convertidos en órganos reales del Estado).
Los partidos no median entre la sociedad y el poder: han ocupado el poder. Y desde ahí reparten cargos, presupuestos, favores, silencios y obediencias… Así nos va. ¿No os dais cuenta a diario?
Por eso yo no voto. Soy como la reina Vasti. Y ni los Diez Mil Inmortales del imperio aqueménida podrán arrebatarme la feliz rebeldía de resistir a la tiranía.
Hay muchos argumentos para pasar por el aro y apoyar al Régimen del 78 votando. Están muy estudiados en la psicología de masas: se llaman indefensión aprendida y servidumbre voluntaria. Yo me los sé casi todos:
- Lo que dices es utópico.
- ¡Nunca en España nos pondremos todos de acuerdo para una gran huelga de votos!
- Seguirán gobernando aunque nadie vote. No les importa.
- Al final acabará gobernando el más malo. Con mi voto y mi apoyo al sistema, favorezco el látigo menos hiriente para mi espalda.
- Este sí que sí, ¡es diferente a todos y sí me creo lo que dice!
- No dejaré que la ultra(inserte derecha/izquierda) campe a sus anchas. Hay que movilizarse para evitarlo y salvar a (inserte cualquier espejismo indefinido).
He de decir que son argumentos que yo respeto, porque hay que respetar a tu compatriota aunque esté en el más oscuro rinconcito de la Cueva de Platón, pero que son fácilmente refutables. Y no por ninguna «estrategia electoral» (que ya vemos para qué sirve que uno haga los cálculos de votar a uno u otro en su cabeza), sino es una cuestión elemental de sentido común.
¿Qué pasa si yo celebrase mi fiesta de cumpleaños, mi boda o mi graduación, y el día esperado no acudiese nadie? ¿En qué posición me dejaría? ¿Tendría yo autoridad y prestigio, o mis cualidades sociales como persona quedarían en entrechicho?
Pues esto mismo, que ya se relata en la Biblia hace más de 2.500 años, es de cajón. Si hubiese un enorme e ineludible «¡NO!» en la sociedad a la hora en que los tiranos nos requiriesen asistir a las urnas, sería un golpe demoledor a la dinastía reinante.
Hay quien «no quiere verlo, y, erre que erre, año tras año, siguen en la misma rueda del 78, esperando resultados distintos haciendo exactamente lo mismo.
Por Juana Catalina.



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