El Régimen del 78 actúa «como si»: como si hubiese libertad, como si hubiese democracia, como si hubiese separación de poderes, como si los políticos representasen al pueblo…
La última demostración ha sido la reciente Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), declarando nula la resolución de 2022 que aprueba el anteproyecto de la depuradora que iban a poner en Vega Mestanza talando 20.000 árboles.
Esta Sentencia ha sido una gran victoria del pueblo, de la sociedad civil que se plantó frente a las excavadoras y la Policía. Pero, ¿qué hay detrás?
Es sabido que el TSJA y las altas judicaturas en general, son marionetas Régimen: dictan las Sentencias según les dicte el poder político. Esta Sentencia tan repentina, y en un momento crítico de las protestas en Vega Mestanza, no tiene motivos jurídicos detrás. Los motivos son políticos: la obra era ya inejecutable, la resistencia ciudadana estaba como nunca organizada, y las empresas comenzaban a no querer seguir lanzando bulos sobre amenazas a la prensa.
La Junta de Andalucía estaba en un callejón sin salida. Con la obra prácticamente inejecutable, y con el pueblo activamente luchando, no podían echarse atrás. ¿La solución? Una Sentencia que declarase nulo el proyecto.
Así todos ganan: el Régimen del 78 sofoca una posible revuelta civil que atisbaba extenderse por toda España, y una vez, más embauca al pueblo haciéndole creer que hay separación de poderes y que puede confiar en la Justicia.
No se engañen señores. Esta maniobra del Régimen fue otra engañifa.
Pero en el fondo, no ha dejado de ser una victoria histórica para el pueblo. Se ha demostrado que cuando la sociedad civil aparca sus ideologías, los partidos políticos, y las divisiones absurdas —que el Régimen del 78 propicia y alienta— se puede detener el abuso institucional. De nuevo se ha hecho patente que el Pueblo Salva al Pueblo, y esta vez se luchó con cabeza y experiencia con la única vía invencible contra la cual el Régimen del 78 no puede ganar: la Paz, la No-Violencia, la Alta Frecuencia en Amor… esa sagrada comunión y conexión a la Tierra y a todas las formas de vida.
El día de la Sentencia fue de película, y nunca será olvidado. La Sentencia vino justo cuando la Policía iba a entrar por el río con las excavadoras e iba a cortar los accesos, para empezar en serio a cortar a nuestros Hermanos Árboles ya definitivamente. Pero alguien levantó el teléfono antes y les comunicó esa «salida pactada» que decidió el Régimen.
Los Oscuros se retiraron, por hoy, sabiendo que a la larga perderían. Una retirada a tiempo ha sido una pequeña victoria para ellos, pero una gesta inolvidable para la tribu que se formó en la Vega.
Es lo que tiene estar conectado a la Madre Tierra: al final, la magia de todo lo vivo en todas las épocas empieza a formar arquetipos que se pierden en la noche de los tiempos. En el campamento de Vega Mestanza se creó de manera espontánea una tribu arquetípica: tenía sus ancianos de la tribu (viejos potentes, arrugados y sabios), sus guerreros fieros y valerosos (dos hubo que se sentaron delante de las excavadoras), las mujeres alegres y bellas como árboles al sol, los niños por doquier, perros, y hasta un Curandero (Don Miguel).
Tenían incluso un tótem sagrado: una Cruz Cristiana, que de seguro trajo todo este Milagro al vergel de la Vega, la tierra que es del ancestral Guadalhorce, el único Señor de la Vega.

Detener al Hierro y la Muerte que trae el despiadado Régimen del 78 ha sido un ejemplo heroico, del que contienen las Grandes Historias. Un ejemplo de lo que sucede cuando el pueblo, la vieja tribu de la tierra, cansada de abusos y mentiras, decide decirle al Estado: «Se acabó».
No podemos negar que en España la paciencia ciudadana suele ser amplia, incluso excesiva. Nos cuesta salir a las calles, movilizarnos, protestar por causas justas. Pero lo ocurrido en la Vega Mestanza no puede quedar como un suceso aislado, una simple noticia que se pierde entre titulares vacíos.
Lo que allí ha pasado es una demostración real de que, cuando el pueblo se organiza, se informa y se mantiene pacíficamente firme, es capaz de doblegar incluso los proyectos que ya cuentan con el visto bueno de las todopoderosas instituciones.
Conozco de cerca a Mari Carmen Mestanza y sé bien que su compromiso va mucho más allá de esta batalla concreta. Ella es una gran defensora de la libertad política colectiva, de las ideas de Antonio García-Trevijano, y estoy seguro de que si él siguiese vivo, estaría hoy profundamente orgulloso de lo que se ha logrado en la Vega.
Porque lo que se ha conseguido no ha sido con violencia, ni con enfrentamientos. Ha sido con dignidad, con perseverancia, con la valentía de utilizar los propios cuerpos como escudos frente a las máquinas de metal, y con la astucia de emplear las leyes de este sistema corrupto en su contra.
Mientras la Junta de Andalucía presentaba informes donde, sin rubor, afirmaban que en la Vega no había fauna, los vecinos se encargaban de demostrar lo contrario. Mientras las administraciones autorizaban una obra que contemplaba respetar el cauce del río, las máquinas, sin contemplaciones, vertían tierra y lo cortaban, incumpliendo flagrantemente el proyecto y la ley.
Pero frente a cada mentira, frente a cada abuso, la tribu de la Vega, como el poblado de Astérix y Obélix, han resistido al invasor con pruebas, con presencia y con determinación.
Este artículo no es solo para contar lo que ha ocurrido y decir que nuevas formas de lucha pacífica son posibles. Es, sobre todo, para felicitar, de corazón, a todos y cada uno de los vecinos, amigos y personas que se han acercado a ayudar.
A los que se han turnado día y noche para vigilar, para que nunca faltase alguien que defendiera la Vega de intentos de entrada a traición, quedándose allí a dormir… y cada vez era más gente (12 personas las últimas noches)
Pero, muy especialmente, este texto quiere ser un homenaje a la matriarca de la tribu: Mari Carmen Mestanza, por ser la cara visible de esta lucha, por no rendirse, por llevar tantos años defendiendo la Vega incluso cuando ha tenido que hacerlo completamente sola.
Lo que ha pasado en la Vega Mestanza debe servirnos de ejemplo y de lección. Hoy ha sido una pequeña tribu libre en Málaga los que han logrado parar un crimen del poderoso desalmado. Libres de ideologías, de partidos políticos, de barreras y de tonterías. Así que pensemos en lo que podríamos conseguir si, en lugar de decenas, fuéramos cientos de miles en innumerables tribus libres por toda España, unidas en el corazón que late de nuestra tierra y cultura. Si el pueblo, unido y consciente de su poder, dijera de forma firme y rotunda: «Se acabó».
Hoy, la Vega Mestanza no solo ha ganado una batalla histórica. Ha despertado una esperanza, un latido que nos dice: la tribu en Libertad está viva… y nos está llamando.
Por Juana Catalina y Demócrata Enfurecido.




Replica a Juan Santos Mestanza Cancelar la respuesta