El escrito que vais a leer es una realidad empírica que quiero que sirva como metáfora para la realidad política. Querido lector, seguro que has escuchado en tu vida que no todo es blanco o negro, también existe el gris.
En esta vida no solo existen dos opciones, sino que existen más.
Seguramente, cuando somos pequeños habremos escuchado la pregunta: ¿a quién quieres más a papá o a mamá? Hay niños que contestan a papá, otros a mamá, otros que van cambiando, otros no tienen preferencia, y otros dicen a su abuelo, abuela… En definitiva no hay solo dos opciones
Cuando uno va a la ruleta del casino se encuentra siempre con dos o más opciones, es decir, se suele apostar a negro o rojo, par o impar, pero, ¿qué pasa si sale el cero? Ya no son solo dos opciones. O cuando tienes que apostar a primera docena, segunda docena o tercera docena… ¿qué pasa si sale el 0?
La respuesta aquí es muy sencilla. PIERDES.
La banca siempre gana. Estamos en un país en el que o gobierna el PSOE o gobierna el PP, mientras que existen otros partidos, otras opciones, que van a la estela de uno u otro.
Me explico. Quien haya estudiado derecho conocerá la teoría del fruto envenenado. Es muy sencillo de entender: si tienes un limón podrido junto a varios limones sanos, los limones se van a pudrir… ¿y qué pasa si la cesta entera es la que está podrida?
Lo que quiero decir con ello es que en el Régimen del 78 todos roban y roban y vuelven a robar. Y como la impunidad es absoluta —sistemática— hagan lo que hagan, no les va a pasar nada. Como mucho una falsa «bronca» en el Congreso o Senado, y ya está. Y si llega a más es tan sencillo como aislar a uno, decir que él es el limón podrido y no la cesta ni los otros, y si te he visto no me acuerdo, a hablar de otra cosa. Ay qué razón tenía mi abuela, ¡tenían que haber tomado ramitas de pasas para refrescar la memoria!
Llevamos tantos años ya de Régimen putrefacto que, por fin, cada vez más personas se dan cuenta de que el problema no está en el PP o en el PSOE, o en los verdes, los rosas, ni morados: está en el sistema contaminado y contaminador.
El Régimen del 78 nunca «nació», sino que fue una continuación de la contaminación política ya existente, con una estructura y unos mecanismos de control exactamente iguales a los que había hace 70 años.
Franco ha muerto. Pero su sistema permanece. Muchos de ustedes se llevarán las manos a la cabeza pero la realidad, si lo piensan bien, es la misma.
En aquel tiempo el político de turno podía hacer las cosas mal, y no tenía responsabilidad alguna. Podía seguir en su cargo, lavando en casa los trapos sucios. Ahora la única diferencia es que hoy te sonríen al robar, hay un espectáculo televisivo las 24 horas para insensibilizar a las personas del escándalo, con una impunidad que sigue siendo la misma.
¿Y cómo reaccionamos? Exactamente igual que entonces. Que no estamos tan mal, que en otros países están peor, que tampoco se vive tan mal, que los otros son peores… ¿Te suenan esas excusas?
Estimado lector, con esto no estoy diciendo que mañana salgamos todos a la calle a protestar y a montar una revuelta, porque eso sería ir como pollos sin cabeza, y al Régimen del 78 le da igual que protestes. De hecho, te concede el derecho de protestar sabiendo que no sirve para nada y que no cambia nada.
De igual manera que te concede el derecho de votar o de montar un partido o agrupación de electores… ¡porque sabe que eso no sirve para cambiar el sistema!
La ley fundadora del Régimen del 78 se le llamó «Constitución» y le pusieron la palabra «democrática», pero hecha la ley, hecha la trampa… «De la Ley a la Ley» como dijeron entonces.
Sin diputados constituyentes, a puerta cerrada, con cafés y cigarrillos, se copiaron los textos constitucionales de Italia y Alemania para diseñar un sistema donde ninguno de esos que estaban redactándola perdiese. Como los partidos tienen el poder de crear listas de diputados, éstos no representan a nadie más que al partido.
Y como los partidos controlan el Ejecutivo, las Leyes, la Fiscalía, el dinero público, y hasta lo que es Constitucional y lo que no… ¿no les recuerda al partido único de Franco pero con sus males multiplicados?
Antes nos quejábamos de la dictadura, pero ahora tenemos la dictadura multiplicada.
Quiero matizar, por si el lector está considerando que estoy defendiendo el Régimen anterior, que mi respuesta ante cualquier sistema opresivo y antidemocrático es de repulsa; cualquier sistema en el que el pueblo no tenga libertad política va a encontrar en mí a un firme contrincante, porque yo combato toda situación de abuso. Y los españoles estamos siendo abusados por los políticos desde el 39 hasta hoy, e incluso de más antes…
La libertad ha ido menguando en cada generación. Por ejemplo la Constitución de 1812, tan aclamada por ser pionera en derechos, no dejó de ser una carta otorgada por la oligarquía del momento para su propia supervivencia, dominio y privilegios.
Y ahora seguimos igual. ¿Quién hizo la Carta del 78? ¿El pueblo?
La respuesta creo que la conocéis, pero en caso de que no, permitidme que os la adelante que el Menú del 78 fue elaborado por quienes estaban en el poder y por quienes aspiraban a él, en connivencia con los servicios secretos de las potencias hegemónicas OTAN (EE.UU., Francia, Alemania…) en el marco de la Guerra Fría.
Obviamente ahí el pueblo no pintaba nada, como siempre. O más bien: el pueblo era lo que se servía en ese menú…
La Carta otorgada del 78 sigue la estela de los tiempos de Fernando VII: Todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Esa frase, que es del despotismo ilustrado, se sigue aplicando hoy en día en esta «democracia» simulada.
Manejando el poder de la información y de la propaganda, el pueblo hace lo que se le diga. Si en el 78 había que votar «Sí», pues se votaba. Fue muy fácil vender la idea de que se pasaba de un régimen opresor a uno de libertades, cuando la realidad —difícil de ver en ese momento y más fácil ahora a toro pasado— era que nos metían de un régimen opresivo a un régimen todavía más opresivo: la continuidad de la dictadura disfrazada de democracia.
¡No hay manera más efectiva de dominar que la mentira!
Y hoy así lo vemos exactamente igual: en época electoral los partidos tienen el poder, el dinero, la propaganda y los medios, y revisten todas las ciudades grotescamente, hasta las farolas y semáforos, con los rostros de los caudillos; para que se vote a uno u a otro. Las televisiones más de lo mismo: los partidos las 24h en los noticieros, regados con el IVA que pagas a diario por la comida.
Igual se hizo en las votaciones del quince de junio de 1977, que supuestamente fueron las primeras elecciones libres. ¿Unas elecciones donde ya está la lista elegida son elecciones? Y además, ¿cómo se asegura que estos resultados fueron reales y no hubo pucherazo?
Tales elecciones se hicieron bajo la ley franquista, y eso es un hecho universal. Es decir, que no se puede rebatir. Por lo tanto, la «Constitución» española no es una Constitución verdadera, que se hiciera bajo unas normas democráticas y un periodo constituyente libre, sino bajo una norma dictatorial.
Y aquí seguimos, de la dictadura a la turbodictadora.
Me gusta indagar en desde cuándo arrastramos el mismo mal. Discúlpenme mi atrevimiento, pero voy a remontarme a la época de Isabel II, cuando esta señora tuvo que decidir qué bando iba a apoyar, si a las oligarquías moderadas o a las oligarquías progresistas. Entre las múltiples diferencias que tenían ambos bandos (el pueblo como siempre estaba al margen), los moderados querían un sistema bicameral, más o menos similar al que tenemos ahora, y progresistas abogaban por un sistema unicameral.
Es curioso que ahora, 175 años después, todos los bandos de la oligarquía quieren las dos cámaras. ¡Incluidos aquellos que se autodenominan progresistas! ¿Será que han descubierto el lujo de beneficiarse de unos sueldos públicos bastantes amplios?
Aquellas personas que defiendan el sistema bicameral yo les pregunto, ¿de qué sirve si al final, en el fondo, se aprueba lo que les beneficia a ellos? ¿Usted está de acuerdo con el sistema de financiación autonómica, las recaudaciones de Hacienda, o el sistema de financiación de partidos? Por eso, siendo la Carta del 78 una cesta podrida, podridos quedan todos sus frutos.
Ya estaréis pensando amigos: ¿y qué quieres que hagamos? Pues oye, haced lo que queráis. Yo sólo sé que la mentira te esclaviza y la verdad te libera. Si estáis de acuerdo conmigo en que se hace preciso un cambio histórico, en el cual por primera vez el pueblo se libere de las mentiras y la dominación de los de siempre, pues propongo que hagamos justo lo contrario a lo que nos dicen y a lo que siempre hemos hecho.
Mi respuesta en resumen: ¡no hagamos nada!
Pero nada, es nada…
- ¿Montar un partido? ¡No!
- ¿Montar una asociación? ¡No!
- ¿Votar? ¡Desde luego que no!
- ¿Discutir sobre los partidos? ¡Fuera!
- ¿Defender una u otra ideología? ¡Nanai!
¿¿Qué hacemos entonces Juanillo?? Me exclamaréis desconcertados…
Pues lo que os he dicho: nada. Pero una nada cómplice entre todos.
Esta nueva nada entre todos significa no obedecer, no bailar al son del Régimen. Es darles la espalda, pasar de todos ellos, no comprar sus discursos, ni su versión de los hechos, y si me apuráis… hasta dejar de pagar.
¿Qué pasa cuando nadie le compra a una empresa? La empresa se hunde. Pues del mismo modo, ¿qué pasa cuando no le hacemos casito al sistema? El sistema no funciona, colapsa, se hunde.
Os acabo de dar la clave para hundir el Régimen del 78. Y si miramos más atrás, esta es la clave para romper con la continuación iniciada en el 39, e incluso del caudillismo anterior.
Por Juan Sánchez Salas.



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