Más allá de las ideologías: no caigas en la trampa.

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Vivimos en un mundo donde las etiquetas políticas —izquierda, derecha, progresista, conservador— dominan el discurso público. Cada vez que abrimos redes sociales o escuchamos debates, el primer filtro con el que juzgamos a los demás es su ideología. Pero esta obsesión por las etiquetas no es neutral: es funcional. Las ideologías, en su esencia, no buscan unirnos, sino separarnos.

La trampa de la ideología

Los sistemas de poder han utilizado las ideologías como herramientas de control desde hace siglos. ¿Por qué? Porque cuando los ciudadanos se enfocan en pelear entre ellos sobre ideas abstractas o visiones del mundo, dejan de mirar hacia arriba, hacia quienes realmente controlan los hilos: los ricos, los grandes corporativos y las élites políticas.

Estas élites no necesitan ideología. Su unificador es el interés: el dinero y el poder. Mientras tanto, nosotros discutimos sobre banderas, conceptos y slogans. Nos encerramos en nuestras cajas de resonancia: escuchamos solo lo que confirma nuestras creencias y despreciamos lo que cuestiona nuestra visión. El resultado es una radicalización silenciosa, donde nos volvemos más extremistas sin salir de nuestro círculo social y mediático.

Intereses vs ideologías

Si reemplazáramos las etiquetas por intereses y necesidades reales, notaríamos algo evidente: tenemos más en común con nuestros vecinos que con cualquier multimillonario que «piensa» como nosotros. La vivienda, la educación, la salud, la seguridad: estas preocupaciones cruzan todas las ideologías. Pero mientras seguimos peleando sobre qué banderas políticas deberían gobernar, nuestras necesidades quedan relegadas.

Los ricos y poderosos lo saben. Saben que un pueblo dividido por ideologías es un pueblo fácil de controlar. Ellos no se distraen con debates sobre progresismo o conservadurismo. Su mantra es simple: proteger sus intereses, unirlos, y mantenernos ocupados peleando entre nosotros.

Libertad política: más allá del poder

La libertad política colectiva no es tomar el poder para uno mismo, ni imponer la propia visión ideológica. Es crear un sistema en el que el poder esté limitado: donde un presidente o un gobierno contrario a tus ideas no pueda hacerte imposible la vida. La política debería enfocarse en controlar las estructuras del poder, no en qué hacer con ellas.

Hasta que no abandonemos las ideologías y nos centremos en nuestros intereses comunes, seguiremos siendo manipulables, divididos y previsibles. La lucha no está entre izquierda y derecha, sino entre quienes tienen el control y quienes, con nuestros propios conflictos internos, les damos espacio para seguir controlando.

Conclusión

Pensar en términos de intereses comunes no es neutralizar la política; es hacerla efectiva. Es reconocer que nuestras necesidades reales —alimento, vivienda, salud, seguridad— nos unen más que cualquier etiqueta. Solo cuando el pueblo se enfoque en lo que de verdad importa, y deje de pelear sobre banderas, podremos construir un sistema justo y equilibrado, donde la libertad política colectiva sea real y no solo un ideal vacío.

Por Demócrata Enfurecido.

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