Narcisista, egocéntrico, excéntrico, misógino, racista… el perfecto perfil de la supremacía blanca de mediana edad: capitalista y capaz de despertar al sueño americano para hacerlo realidad en sus propias puertas. Y sin embargo, es al parecer el único no belicista (punto a su favor) que pretende hacer a América grande sin, probablemente, su mayor negocio de todos los tiempos desde que América es América: el armamentístico.

Todos los medios propagandísticos y de manipulación están de acuerdo en que Trump es un loco. Es increíble que todos los medios coincidan en esto ¿verdad? Ya que últimamente no se ponen de acuerdo en nada, son una diversa y heterogénea capa de grasa que cubre cualquier cuestión y problema.

Los medios de comunicación hegemónicos proliferan en un escenario de diversas y productivas opiniones y profundas reflexiones, que no dejan indiferente a nadie, e invitan a la profunda reflexión, e incluso al alejamiento de las redes sociales y sus zonas hater más calientes, invitando a la observación de la naturaleza y al aislamiento para encontrarse con uno mismo y con su ser más profundo, menos digitalizado y peligrosamente menos controlable, para poder analizarse cada cual, cuánto de Trump llevamos dentro…

Perdón por este pequeño islote de desvarío, pero creo que es imposible distinguir mi sátira e  ironía, si hasta habrá quién se haya creído que los medios de manipulación realmente consiguen este efecto; cuando en realidad, lo que quiero decir, es que si todos coinciden en destruir a Trump, punto a su favor y ya van dos (al menos para mí).

Parece un loco «menos controlable» por ciertas élites. Algunos expertos, economistas y analistas dicen que Donald Trump juega a la teoría del loco… pero para que sea un juego, ¿no debería no estar loco de verdad?

Personaje sacado de una caricatura que suena a pato… caricatura tan real que no deja indiferente a nadie. Suele decirse que un buen político es aquel que genera controversia (no sé yo quién lo dice, como tampoco sé quién pondría la palabra bueno y político en la misma frase); pues en este caso el pato debe ser el mejor de todos los políticos de todos los tiempos; aclamado y defendido por el añoro de una América grande, la que fue; ¿alguna vez dejó de  serlo? Temido y respetado por sus adversarios, aunque, al parecer, burlado por Zelensky, otro cómico donde los haya.

No todos los cómicos tienen sus manos manchadas de la sangre de su propio pueblo. Pero ellos enmarcan bien su papel: uno de juez y líder —zanahoria y palo— y el otro de víctima: «¡Socorro Europa, sálvame del loco de Putin! ¡Yo nunca quise entrar en la OTAN, ese fue Biden!».

La que parece no tener su papel claro en esta comedia es Europa. Ya ves, 27 actores secundarios son muchos para estar de acuerdo. Solo tienen un pacto evidente: la soberanía de todos ellos le pertenece a EE.UU, que para algo tiene las bombas y esas cosas Born to kill. Así anda la función: un bufón sin gracia, un pato armado, y Europa la mayor broma a sus mercedes.

¿Qué sentido tiene «el plan de rearme europeo» después que nuestro glorioso líder Mr. Fango haya hablado, y de un solo bostezo (como recién salido de una profunda siesta exportada al otro lado del Atlántico por Andalucía, para que luego digan que América no es grande, o que los andaluces no exportamos nada) haya dictaminado dos cosas: la primera, que lo primero siempre es América, y lo segundo, que lo segundo siempre es nuestra querida Europa, para que vaya preparando 800.000 millones de euros. ¿O eso ha sido idea de la Führer Von der Leyen, sacada de bolsillo ajeno, perdón, quise decir, por iniciativa propia? Europa sí que va a pagar el pato, desde luego.

A veces confundo dónde empiezan las cosas y por dónde van a acabar. Una cosa puede empezar con una buena iniciativa propia —de la cual carece Europa—; pero lo que me hace pensar que acaba en un no bolsillo propio, en el de Úrsula, o su amigo el pato, o ambos; un bolsillo para cada loco y el mundo sigue cojo…

Lo dicho: ¿qué sentido tiene un «plan de rearme europeo» con los planes de negociación de la paz en Ucrania encima de la mesa? Un cese del conflicto armado en el que no entra Europa a negociar, sino que en la mesa se sientan el pato Donald y el loco Putin, para ver qué se hace con la marioneta Zelensky. Suena a guión de Hollywood, made in china: «El loco, el pato y la marioneta».

Pero no me digáis que mi querido amigo, el pato Trumpazos, no lo ha hecho bien. Aseguró a sus electores que si el ganaba se terminaría la guerra, dejando en evidencia que siempre fue un conflicto EE.UU-Rusia, y que Ucrania un mero escenario, dispuesto a poner los muertos. Y es que a América, la grande, siempre le han puesto otros los muertos.

Pero el tío ha cumplido (el tío Sam). Sin embargo, tiene la desfachatez de seguir pidiendo las tierras y minerales raros, seguramente el único motivo verdadero de la guerra, a parte del Nord Stream, con el que también América, la grande, saldrá ganando.

A Europa no solo no le importa poner los muertos y aplaudir a quien los pone, sino pagar más caro el gas. ¿A ver, cuánto dura el bostezo? El de América digo, porque a Europa apenas le quedan pulsaciones.

Por un momento pensé que la actitud vacilante de la marioneta Zelensky en la Casa Blanca era porque se negaba a dar las tierras y minerales a EE.UU, a pesar de tener más que perdida la guerra antes de incluso haberse empezado. Nada más alejado de la verdad. Y digo yo: Biden lo empieza, Trump lo termina y Europa no solo calla, sino que además paga 800.000 millones de euros (y los muertos y siguen y van sumando). Supongo que después de esto se redireccionará el dinero a otros bolsillos, quiero decir, a otros objetivos más favorables.

¿Y Rusia? ¿Rusia también sale favorecida con todo esto? Claro que sí: detiene a la OTAN en sus puertas, vende Nord Stream al mismo precio, más caro para Europa por su querido intermediario, el pato; acaba con una guerra civil interminable, olvida las sanciones acometidas por Europa y América, la despierta, hacia ella; olvida y empieza de nuevo. ¿Alguien está haciendo las preguntas correctas?

Por Amanecer Radiante

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