La Teoría de lo Absurdo de Albert Camus está basada en la idea de que vivir una vida sabiendo cuál es el final inevitable es ya un Acto Rebelde contra la propia muerte, y que nos enfrenta continuamente tanto contra una misma como contra la realidad del entorno. Cuando actuamos bajo una idea del «bien común», el acto rebelde social es la oposición a cualquier injusticia contra una misma o contra las demás.

La Ideología, como la Teoría de lo Absurdo, conlleva consecuencias personales, políticas y sociales que se entienden como «bien común», pero que, en el caso de la Ideología, en lugar de afectar a la realidad material, están orientadas al adoctrinamiento por quien ostenta el máximo rango social reconocido en cada momento y lugar; al mismo tiempo promotora y creadora de ideas y argumentos, diluyendo eso de la rebeldía contra la muerte en un mar de Teorías y premisas sobre las que regirse bajo la idea de un bien colectivo como objetivo que con certeza llegará —pero no se sabe cuándo— como si de la venida de Cristo se tratase. «¿Llegaremos a vivirlo?»
Esa disolución de la realidad material disuelve también el fin último de ese acto rebelde social que es vivir en oposición a la injusticia, de manera que la percepción de lo justo y lo injusto que tengamos dependerá de esos argumentos creados por los ideólogos, empujándonos a actuar como personas «inflexibles» en la defensa de esa preciada victoria venidera.
Es decir, si se disuelve y despedaza en ideas la oposición a la injusticia, el resultado será siempre una sociedad igual de disuelta y despedazada; de manera que la violencia, por no distinguirse la verdadera injusticia, empieza a brotar «como un musguito en la piedra».
Pero ni siquiera la violencia es un asunto tan serio como la pérdida de libertad impuesta y sostenida en el tiempo por nosotras mismas.
En nuestro tesón por conseguir ese bien colectivo realizable no se sabe cuándo, es prácticamente imposible cuestionar esas ideas, por lo que, en lugar de estar abiertas al debate para conclusiones conjuntas, cuando las expresamos lo hacemos como quien lee un manifiesto. El poder de la persuasión, el convencimiento a través del diálogo y la humildad para aprovechar un análisis, son cosas que la Ideología no puede permitirse, pues de lo contrario, ya no correspondería al catálogo de ideas parciales, y pasaría a ser… Otra cosa: Otra ideología distinta.
El objetivo de los ideólogos es que todas las personas se identifiquen con su doctrina y que defiendan esas ideas con sumisión total.
La Teoría de lo Absurdo, como conjunto de ideas parciales, propone, en la absurdidad de la contradicción, intentar desprenderse de estas dinámicas, reforzando única y exclusivamente el valor de la dignidad humana, defendiéndola con la verdad y pagando con soledad siempre que se pueda y requiera.
No hay dignidad sin libertad y el primer efecto de la Ideología es el encadenamiento de las personas a una identidad.
Después las encadena a una lucha perpetua por conseguir objetivos utópicos, que en su conjunto total no son medibles o cuantificables, alcanzables o motivadores como para tener constancia y compromiso pleno; tampoco están acotados en el tiempo, y no se conoce en específico el resultado. Pero eso sí, tienen un excelente programa de expansión.
Si su único fin es la disolución de la percepción de la justicia, el único resultado es la violencia por sumisión.
La única forma de escapar de la Ideología es aferrarnos a que la dignidad de la persona debe ser la medida de todo, y que cualquier idea que no respete esa jerarquía debería ser abolida, tanto de nosotras mismas como del entorno, con el fin de poder tener una vida libre, hasta que llegue el día.
Por Hirunda Rústica.




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