A los abstencionarios nos atacan por la derecha y por la izquierda.

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A la velocidad del rayo que no cesa, la vida política sucede como si el futuro fuese dentro de cinco minutos, el ayer prehistoria y el presente algo ya pasado. Recibir un golpe bajo en la boca del estómago y echar la primera papilla del informativo primero de la mañana. Después, cuando el sol se cansa de nosotros, la entropía de la comunicación colapsa nuestras neuronas, partículas elementales para sobrevivir a la Gran Mentira.

En mi barrio, Pepe el picaflautas contaba siempre la misma historia a cada parroquiano pero cambiada. Al menos el tío nos hacía gracia, y eso que nos costaba una cervecita. Esta ausencia de maldad devenida en cuentista exaltaba mi imaginación y arruinaba mi peculio. Este Dédalo enrevesado que es la desinformación, nos lleva al huerto de la alegría que son las elecciones. Allí bajan los padres de la patria a coger los rábanos por las hojas que es donde escuecen, y como sarna con gusto no pica, inmediatamente será mañana y presto al placer que da el dolor, moveremos la noria tirando del burro de la desinformación. Cosas de la res-publica.

Por Juan Cohen.

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